Ese don del que se adueñaron los varones, hoy la
mayoría de las mujeres, fundamentalmente las jóvenes, están decididas a
ejercerlo, ¿por qué no? Ellas tienen gustos, sentimientos e inspiración y
seguramente serán más delicadas en el empleo de su vocabulario.
Quizás a
usted, amigo, de pronto, una fémina que tal vez ya lo haya “pillado”, le diga:
-¡Ay!, Dios, mándame lo mío para no envidiar lo
ajeno.
-Tus palabras acarician mis oídos.
-Que Dios te guarde y me dé la llave.
-¡¿Quién tuviera 10 años menos?!
-¡Mama mía!, estás como me lo recetó el médico.
-El eco de tu voz es como un instrumental.
- Me desordena tu mirada.
-Quiero ser tu prisionera sin derecho a libertad.
-Tu estatura es mi preferida.
- Me fascinan esos ojos verdes.